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Servicios de streaming digital ¿aire fresco para la industria musical?

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Servicios de streaming digital ¿aire fresco para la industria musical?
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La llegada de la tecnología digital a la industria de la música tuvo efectos profundos pero dispares en ella: Para los consumidores significó la posibilidad de acceder a millones de canciones sin restricciones, de manera gratuita o a costos muy bajos, la música se convirtió en un bien accesible a un click de distancia. Para las disqueras, editoras, productores y artistas la historia fue muy distinta, las ventas de música se desplomaron debido a que el público podía ahora conseguir su música de manera gratuita en línea o a través de copias digitales piratas.

Durante los últimos quince años se han librado en diversas partes del mundo toda una serie de batallas legales y adecuaciones legislativas promovidas por la industria musical encaminadas a regular el consumo por medios digitales y en línea de material musical con derechos de autor. Fueron muy conocidos en su momento los casos de servicios Peer to Peer como Napster, LimeWire, Kazaa o Grooveshark que tuvieron que ser cancelados o relanzados con restricciones debido a las demandas promovidas por esta industria. Pero la realidad es que la actividad en línea ha sido muy difícil de controlar y este sector ha visto cómo paulatinamente el público compra menos música.

El lanzamiento en 2003 de la iTunes Store, que consiste en un servicio de comercialización de música digital integrada a un programa de reproducción se consolidó como una alternativa viable para la distribución y venta legal de música digital, muchos otros servicios similares se integrarían con el tiempo a este modelo de negocio el cual le inyectó nuevos bríos al sector pero sin alcanzar los niveles de ventas e ingresos a los que estaba acostumbrado diez o veinte años atrás. Gracias a estos servicios ahora es posible comprar música y reproducirla en nuestras computadoras o en nuestros dispositivos móviles.

Los cambios tecnológicos que se han vivido en los últimos ocho años (el auge de los Smart Phones, la revolución de las apps móviles, mejores conexiones a internet), han posibilitado el surgimiento y popularización de otro modelo de negocio de comercialización de música que ha dado mucho de qué hablar: nos referimos a los servicios de streaming digital bajo demanda.

Este tipo de modelo es el que se observa en servicios como Spotify, Rdio, Grooveshark, MOG o Rhapsody, y consiste en ofrecer un servicio de streaming de música a cambio, ya sea de un pago por membresía o de consumo de publicidad pagada a través de sus plataformas. Los ingresos que estas empresas obtienen sirven en parte para pagar derechos de reproducción a disqueras y productores.

El modelo en sí mismo no es tan reciente, servicios como Pandora Internet Radio lo utilizan desde hace unos quince años, pero lo cierto es que en los últimos cinco años se ha presentado cada vez con más fuerza como una alternativa viable de comercialización y financiamiento para la industria musical.

En particular Spotify se ha promovido fuertemente como una opción real en este sentido, el popular servicio de streaming ha logrado un éxito sin precedentes, no tanto en suscriptores –aunque su número crece prometedoramente–, sino en la cantidad de recursos que ha obtenido por medio de publicidad pagada y, sobre todo, por haber logrado contratos con disqueras multinacionales como Sony, EMI, Warner Music o Universal que le permiten contar en su catálogo con material musical de artistas mundialmente conocidos que no se encuentran en los catálogos de otros servicios competidores.

Actualmente Spotify ofrece su servicio en dos versiones: gratuita y membresía pagada. En la primera opción uno puede reproducir el material musical que se desee, ya sea por medio de computadoras o dispositivos móviles, a cambio de consumir publicidad tanto en banners como en audio; la versión pagada (Premium) elimina toda la publicidad a cambio de una mensualidad de aproximadamente cien pesos mexicanos. En un principio, la reproducción en dispositivos móviles por medio de su app estaba reservada únicamente para los suscriptores Premium, pero ante la demanda en el consumo por estos medios, la empresa se vio obligada a hacerla disponible en su versión gratuita.

Otro elemento que tiene a Spotify en el centro del debate es el hecho de que hace unos cuantos meses la empresa reveló cifras sobre los ingresos que los artistas están recibiendo gracias a su servicio, junto con la metodología que utilizan para calcularlos, además de presentar proyecciones sobre posibles futuros ingresos que los colocarían como una nada despreciable fuente de ingresos para la industria musical. A pesar de todo el optimismo, Spotify aún no reporta ganancias en sus operaciones aunque en los últimos dos años sus pérdidas han disminuido (1).

Con todo, mucha gente tanto en la industria musical como en la de tecnología sigue siendo escéptica sobre la viabilidad a largo plazo de esta forma de distribuir y comercializar música –y contenido multimedia en general–. Se argumenta que por mucho que crezca el uso de este tipo de plataformas, las ganancias para los artistas serán siempre mucho menores a las que obtienen de las tiendas de música como iTunes Store; que el crecimiento en servicios tipo Spotify está debilitando a esas mismas tiendas de música digital, las cuales son la principal fuente de ingresos de la industria actualmente y que este tipo de plataformas resulta inviable para lanzar de manera sostenida a nuevos artistas, los cuales suelen tener poca visibilidad en ellas.

Por el otro lado, sus defensores argumentan que los hábitos del público han cambiado tan drásticamente que es ilusorio pensar que en un futuro próximo los consumidores seguirán comprando productos individualmente, de acuerdo a ellos, la única opción realista para la industria del entretenimiento en general, es la de ofrecer servicios de transmisión de contenidos a cambio de cuotas fijas, de no existir estas opciones de consumo legal, los usuarios optarán por servicios gratuitos y piratas que no generan ningún ingreso y que son muy difíciles de regular o eliminar. Curiosamente, los detractores de este tipo de modelo son principalmente músicos como por ejemplo David Byrne, Thom Yorke o Beck, mientras que se han manifestado a favor de estos servicios managers o productores musicales como Brian Message o Stephen Street.

Lo cierto es que el streaming multiplataforma de contenidos multimedia se ha consolidado como un medio muy utilizado por el público para consumir entretenimiento desde computadoras, Smart TVs, Smartphones y tabletas; la pregunta que queda abierta, pero que se responderá en los próximos tres o cuatro años, es si esta opción puede convertirse en un medio redituable de financiar la creación de nuevos productos de entretenimiento y de promover nuevos artistas. Por lo pronto, la moneda está en el aire.

(1) The Wall Street Journal, 2013.

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Servicios de streaming digital ¿aire fresco para la industria musical?

Publicado por: Equipo Applicate | 27 de Febrero, 2014

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